Lineamientos para una correcta alimentación en la madurez (I)

Lineamientos para una correcta alimentación en la madurez (I)En la edad madura del ser humano comienzan a producirse algunos cambios fisiológicos que modifican tanto las funciones que realiza como su desarrollo de manera general. De igual manera, las necesidades energéticas, proteicas y minerales varían considerablemente matizando la calidad de vida de cada persona.

Durante la madurez ocurre una disminución del metabolismo basal, donde las necesidades energéticas descienden cerca de un 5% por cada década de vida al reducirse el consumo de energía del organismo necesaria para lograr el mantenimiento de las funciones vitales.

Alrededor de los 30-35 años, también se evidencia una pérdida en la masa ósea de manera gradual, apareciendo la fragilidad ósea con elevadas posibilidades de padecer fracturas y de desarrollar osteoporosis. Debido a estas modificaciones, los especialistas recomiendan modificar los patrones de la alimentación en la madurez de manera que se ajusten a las nuevas transformaciones de la edad.

Durante esta etapa entre los aspectos dietéticos que merece especial atención se encuentra esencialmente el hecho de favorecer los procesos depurativos, pues durante estos procesos se eliminan los radicales libres procedentes de la propia actividad del organismo o de la contaminación externa y que pueden alterar la secuencia de ADN, las proteínas y las grasas corporales aumentando el riesgo de padecer cáncer. Con este objetivo, deben consumirse alimentos ricos en sustancias antioxidantes que neutralicen la acción nociva de los radicales libre; entre los que encontramos: los vegetales, las frutas, verduras y hortalizas.

Para ello es recomendable combinar los hábitos de alimentación saludables con los hábitos de vida de manera que se incluya la práctica de ejercicios físicos, así como la reducción del consumo de sustancias tóxicas como el alcohol y el tabaco. Debe cuidarse además la calidad de la grasa de los alimentos, reduciendo el consumo de grasa saturada de origen animal y optando por la grasa insaturada procedentes de las semillas y el aceite de oliva. Con este cambio se evita el aumento de los niveles de colesterol en sangre.

Se debe considerar también el horario diario del consumo de los alimentos distribuyéndolos en tres comidas esenciales: desayuno, almuerzo y cena. En el desayuno es recomendable incluir algún lácteo y frutas pues el organismo lleva horas sin consumir algún alimento y se ha debilitado. Por otra parte, el almuerzo debe realizarse luego de 4 horas aproximadamente y se consumirán alimentos sanos que no aporten calorías vacías, dependiendo de la actividad laboral de cada persona.

Durante la comida se consumirán de manera sosegada los alimentos libres de grasas y sin excesos de calorías para concluir el día con una cena que logre el equilibrio dietético diario ya sea con un vaso de leche templada o una infusión natural.

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