La cirrosis hepática: Causas y consecuencias

La cirrosis hepática: Causas y consecuenciasLa cirrosis hepática es una de las condiciones más difundidas en el mundo. Algunos estudios reportan una tasa de incidencia en la población mundial que varía entre el 7 y el 10%. Las causas que facilitan la aparición de la cirrosis hepática son variadas pero sobresalen las hepatitis crónicas de tipo B, C y D así como la hepatitis autoinmune. Otra de las causas más comunes es el alcoholismo.

En los pacientes cirróticos las células del hígado son sustituidas con tejido cicatricial después de un daño particularmente serio e irreversible. Este proceso se llama fibrosis del tejido hepático. En algunos casos la cirrosis conlleva también la aparición de nódulos producidos por la regeneración de las células hepáticas que no funcionan bien. Todos estos cambios pueden producir una distorsión importante de la estructura hepática que va a interferir con el correcto flujo sanguíneo dentro del hígado comprometiendo de esta forma la toda la funcionalidad hepática.

Obviamente, se trata de una enfermedad grave con consecuencias muy importantes para el organismo. Los problemas de salud que acarrea dependen exactamente de la alteración del tejido, es decir, del tejido cicatricial que se forme y de los nódulos de regeneración, que pueden dificultar la circulación sanguínea dentro del hígado mismo acarreando problemas muy serios.

Una de las consecuencias de la cirrosis hepática es el aumento de la presión en la vena porta, y consecuentemente un aumento en las dimensiones del bazo que así va a eliminar plaquetas y leucocitos de la sangre alterando la misma. Si el aumento de la presión es muy alto, todas las venas afluentes se dilatan formando varices a nivel del esófago y del estomago, con posibilidad de ruptura y consecuente hemorragia. Los mismo sucede en el recto donde pueden aparecer las hemorroides.

Además, el hígado dañado no puede trabajar correctamente, causando así alteraciones metabólicas (como la reducción de la albúmina) y hormonales (aumento de la aldosterona) que provocan una acumulación de líquido en el abdomen.

Otras consecuencias pueden ser: ictericia, edemas periféricos, hemorragias, resistencia a la insulina (que puede producir la diabetes). En las formas más graves de cirrosis hepática el hígado no puede depurar las sustancias tóxicas producidas por el organismo y esto puede causar alteraciones cerebrales, incluso un estado de coma. Por último, se calcula que cada año entre el 3-4% de los pacientes que padecen de cirrosis desarrolla el cáncer de hígado.

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