Cena temprano y con moderación

Una muy mala costumbre que está muy arraigada en muchas personas es la de cenar mucho y hacerlo muy tarde. Es común que tras una jornada extenuante no hayas tenido tiempo de sentarte a comer, y piensas que puedes aprovechar la noche para degustar una copiosa cena. Sin embargo, esto no es lo más recomendable desde el punto de vista nutricional.

Nuestro cuerpo tiene momentos en el día en los cuales se encuentra más y menos activado. Y, generalmente, por la noche el metabolismo comienza a bajar y empieza a prepararse para el reposo. Es por ello que debería acompañarse ese descenso del metabolismo con una menor ingesta de comida.

Si optamos por comer mucho por la noche, nuestro cuerpo, que se encuentra en un estado de poca actividad, reservará gran parte de las calorías que consumamos como tejido adiposo. Lo ideal es hacer un desayuno abundante que nos permita comenzar las actividades del día con mucha energía, realizar entre 5 y 6 comidas a lo largo de toda la jornada, y la última de ellas, la cena, no debería ser demasiado voluminosa.

Otro error es el de cenar demasiado tarde. Muchas personas cenan inmediatamente antes de ir a dormir. Es mejor hacerlo con al menos un par de horas de anticipación. Esto ayuda al organismo a tener una mejor digestión y asimilar mejor los nutrientes que consumimos. Además, cenar muy tarde puede sobrecargar el hígado y traer problemas con el sueño.

Vale aclarar que lo dicho es una norma general, pero que puede ser distinto en ciertos casos. Sin dudas, aquellos que trabajan por la noche tienen un reloj biológico radicalmente diferente. Y de seguro no puedes tener una cena mínima si sólo puedes hacer deportes por la noche, ya que tu cuerpo está necesitado de nutrientes. Recuerda que cada caso es una situación particular. Pero en la mayoría de ellos, es mejor cuidarse en la cena.

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