3 causas que podrían esconderse tras la frialdad de tus pies

Pies fríos¿Siempre tienes los pies fríos, aunque estés en pleno verano? ¿Sientes que tus pies nunca se calientan aunque uses calcetines gruesos? Si te sientes identificada con esta condición, debes saber que no eres único, a muchas personas les sucede igual.

En la mayoría de los casos se trata de una respuesta natural del organismo que intenta mantener estable la temperatura interna del cuerpo. De hecho, un estudio publicado en la revista American Journal of Physiology encontró que a los verdaderos responsables de esta sensación de frío: las proteínas Rap1A y Epac que se encargan de limitar la llegada de sangre a la piel para mantener calientes los órganos internos cuando hace demasiado frío en el exterior. Sin embargo, existen ocasiones en que detrás de ese frío persistente se esconden otras causas médicas mucho más serias.

Tres razones médicas que reducen la sensación de calor en tus pies

1. Problemas de circulación. Los pies fríos pueden ser un síntoma de un trastorno circulatorio. Se conoce que cuando la sangre fluye adecuadamente hacia los pies, estos se mantienen calientes. En cambio, cuando la sangre fluye demasiado lento hacia las extremidades inferiores, los pies tienden a enfriarse. Algunos trastornos como la trombosis, las várices o el bloqueo arterial pueden causar que la sangre no circule adecuadamente hacia las zonas periféricas del cuerpo, haciendo que se reduzca la temperatura en manos y pies.

2. Hiperhidrosis. La hiperhidrosis, también conocida como el trastorno de sudoración excesiva, es otra de las condiciones que pueden provocar la frialdad mantenida en los pies. Se conoce que cuando el sudor no se evapora de manera eficiente y queda adherido a la superficie de la piel, aumenta la sensación corporal de frío. Por tanto, si utilizas un calzado inadecuado, los calcetines no traspiran lo suficiente o tienes una hiperhidrosis demasiado intensa quizá esa sea la causa por la que tus pies siempre están fríos.

3. Problemas neurológicos. Uno de los síntomas más usuales de la neuropatía periférica, un trastorno neurológico que afecta la adecuada transmisión del impulso nervioso a las extremidades del cuerpo, son los pies fríos. También es habitual que aparezca un entumecimiento, ardor, hormigueo, pérdida de la sensibilidad o debilidad muscular en las extremidades inferiores. En estos casos, los síntomas suelen mejorar con un aporte adicional de vitaminas sobre todo del grupo B, aunque es probable que la sensación de frío tarde en desaparecer.

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