¿Por qué preferimos los alimentos menos sanos?

HeladoSi te ponen delante un delicioso helado de crema de chocolate y un plato de ensalada, ¿cuál elegirías? Es muy probable que tu primer impulso sea decantarte por el helado, aunque puede que después, en un alarde de fuerza de voluntad, te lo pienses mejor y elijas la ensalada.

La buena noticia es que no estás solo, la mayoría de las personas prefiere el helado, al igual que le encantan todos los alimentos ricos en grasas, azúcares y sal. ¿Por qué? ¿Por qué tenemos esa propensión por los alimentos menos saludables? ¿Por qué nos resulta tan difícil resistirnos a ellos?

Lo que sucede en el cuerpo cuando estamos ante alimentos poco sanos

Lo cierto es que resistirse a una tarta a rebosar de azúcar o a unas patatas fritas llenas de sal y grasa no es simplemente una cuestión de fuerza de voluntad, están implicados mecanismos corporales mucho más complejos de los que podrías imaginar.

Obviamente, en esta regulación nuestro cerebro desempeña un papel esencial ya que es el encargado de modular el equilibrio energético, o sea, la cantidad de energía que gastamos en correspondencia con la cantidad de alimentos que consumimos a diario. Casi todo se centra en el hipotálamo, el principal responsable de determinar cuándo, cuánto y qué debemos comer.

No obstante, como podrás suponer, el cerebro no trabaja solo sino que tiene que contar con la información que el cuerpo le envía. En este caso, esta información llega mediante los péptidos gastrointestinales y las hormonas de los tejidos grasos, que son los encargados de informar cuánta comida hemos consumido y si resulta suficiente o no para nuestro organismo.

Sin embargo, este proceso no termina ahí, pues se le suma otro sistema muy importante que, dicho sea de paso, es el verdadero responsable de que optemos por lo alimentos menos saludables en nuestra dieta, me refiero a nuestro sistema motivacional. Y es que cuando estamos ante la comida, aunque nuestro cerebro nos indique que hemos comido suficiente, nuestro grado de motivación por el alimento será lo que nos hará rechazarla, o por el contrario, sucumbir a la tentación.

Algunos especialistas en nutrición afirman que nos encantan los alimentos poco sanos porque se trata de un rezago ancestral de nuestros antepasados. Como estos alimentos nos aportan más calorías, lo cual se traduce en más energía y sobrevivencia, es normal que nuestra primera intención sea decantarnos por ellos. Afortunadamente, si te das un segundo para pensarlo, puedes recapacitar y optar por los alimentos más sanos.

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