Pan, ¿fresco o tostado?

Es habitual ver personas que asocian al pan tostado como propio de una dieta de adelgazamiento, mientras que el pan es visto como un alimento prohibido. Sin embargo, no se trata más que de un mito: en realidad, tostar el pan no cambia en nada sus valores nutricionales.

Pero aclaremos primero un punto. El pan no debería ser eliminado de una dieta siempre que se use en forma moderada. Si bien existen algunos panes con ciertos agregados y pueden llegar a contener algo de grasa, en general, no es un alimento con un alto contenido de lípidos: este oscila entre el 1 y el 2 por ciento.

Por el contrario, el pan está compuesto principalmente de hidratos de carbono (alrededor del 55%). El pan blanco tiene aproximadamente 250 calorías por cada 100 gramos. En síntesis, es un alimento que bien puede incluirse en una dieta, ya que aporta el nutriente que funciona como principal energía para nuestro cuerpo.

Pero entonces ¿qué diferencia existe entre el pan y las tostadas? En realidad, si bien las calorías y su composición son idénticas, al someter el pan al calor, este pierde agua.

Sin tostar, el pan está compuesto en un 35 % de agua. De allí que las tostadas resulten mucho más livianas y de más fácil digestión.

En un plano muy detallado, podríamos decir que las tostadas tienen la ventaja de que al ser más duras y necesitar masticarse más, producen saciedad más rápido que el pan, y uno tiende a comerlas en menos cantidad. Pero esto se trata de un punto muy fino y que no modifica al plan de una dieta.

Por supuesto, si estamos acostumbrados a sentarnos a comer con una panera al lado y dejarla vacía al término del almuerzo o la cena, debemos cambiar nuestros hábitos. Pero el consumo moderado de pan, principalmente en el desayuno, no es un peligro para bajar de peso, e incluso es un alimento muy nutritivo.

Imagen del artículo

Pan, ¿fresco o tostado?
  Consejos, Dietas