La relación entre la insulina y la quema de grasas

La insulina se relaciona directamente con la capacidad de nuestro organismo de quemar grasas. En realidad, se trata de una hormona que inhibe la función de la lipasa hormono sensible, encargada del proceso de lipólisis, es decir de quemar triglicéridos.

La insulina regula el nivel de glucosa en sangre, por lo que al aumentar el consumo de glucosa (nutriente propio de alimentos altos en hidratos de carbono), aumentarán nuestros niveles de insulina y nos resultará más difícil perder la grasa que deseamos.

La cantidad adecuada de hidratos de carbono es un valor individual, de acuerdo a las necesidades energéticas de la persona. Lo ideal es que un profesional de nutrición supervise la dieta. Pero de todas formas debemos ser conscientes que no hay que suprimir los carbohidratos de nuestro régimen alimenticio: son la principal fuente de energía.

Pero además de cuidar las cantidades, debemos fijarnos en el índice glucémico de los alimentos. Este valor indica la rapidez con la que los hidratos de carbono actúan en la sangre. El número de comidas con un índice glucémico alto debe ser moderado.

El IG de un alimento puede ser bajo (entre 5 y 40) medio (entre 40 y 50) o alto (entre 50 y 115). Este número suele encontrarse en las tablas nutricionales de los alimentos. Así como es importante que el índice glucémico promedio consumido no sea alto, hay que cuidarse de no por ello eliminar de nuestra dieta alimentos saludables que aportan gran cantidad de energía.

Cuando realizamos ejercicio físico también deberemos cuidar estos valores. Un nivel bajo de carbohidratos puede llevar a la hipoglucemia (la insulina muy baja) y con esta al funcionamiento incorrecto de varios sistemas orgánicos (incluido el nervioso central), mientras que un elevado volumen de IG será contraproducente.

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