El tesoro de los difuntos

Abuelo, ¿es cierto eso de que en las casonas viejas salían los muertos porque dejaron en vida los reales escondidos?
¿Quién te dijo eso muchacha?
Me lo contó mi mamá, y me dijo que tu si sabias de esas historias abuelo.
Bueno, te voy a contar como es la cosa:
Habían muchos hombres, padres de familia, hombres importantes llamados para entonces: señores? de la época o grandes cacaos? porque poseían mucho dinero.
Como no existían bancos en aquella época, sus fortunas en morocotas, la guardaban celosamente en baúles de madera de cedro o en tinajones de arcilla?.
Estas riquezas, las enterraban en un sitio determinado que sólo ellos conocían y al morir por accidente, enfermedad o asesinados; el tesoro oculto se perdía.
Abuelo, no me vas a decir que el muerto regresaba a buscar su plata.
Espera muchacha.
Al pasar los años, los entierros comenzaron a ser descubiertos, convirtiéndose en una tradición popular y terrorífica porque según nos contaban, para poder sacar ese tesoro llamado entierro?, había que ser designado por el espíritu del difunto que lo había enterrado.
Hay abuelo, no me asustes.
Se decía que el difunto, dueño del tesoro, no descansaba en paz hasta que no le entregaba su tesoro a la persona elegida.
El difunto se le aparecía a la persona, explicándole con detalles donde estaba el entierro y le pedía que le hiciera 30 misas para que su alma descansara en paz.
¿Treinta misas?, ¿y si no le mandaba a hacer las misas?
Si el elegido sacaba el entierro y no le cumplía al difunto; misteriosamente quedaba en la ruina y algunas veces moría en forma misteriosa o en accidentes dantescos.
Abuelo, dime una cosa. ¿En verdad eso ocurrió?
Hay querida nieta:
HE CONOCIDO TANTAS VERSIONES DE LA VERDAD, QUE YA NO SE QUE MENTIRA CREERME