Comer lento

Pareciera que en este mundo tan acelerado, cada día es más difícil comer lento. Sin embargo, numerosos estudios ya han dejado en claro que se trata de un hábito muy saludable y esto ha motivado a que muchas personas miren con buenos ojos el movimiento conocido como «slow food», la antítesis de la «comida rápida», una alternativa natural y libre del estrés que muchas personas tienen comiendo casi «al paso» en grandes ciudades.
Uno de los principales motivos por el cual se debiera comer lento es que esto ayuda a mantenerse en peso o a disminuirlo. El resultado tiene una explicación: el cerebro tarda un tiempo en recibir la sensación que indica que estamos llenos. Es por eso que si tardamos más en comer, no seremos víctimas de un antojo que luego veamos como un exceso.
También es importante señalar que comer lento contribuye a una mejor digestión. La clave de esto está en que si masticamos más lo que ingerimos, será menor el trabajo que tendrá nuestro estómago. Así nos ahorraremos de muchos problemas digestivos que son comunes cuando comemos parados, apurados o al ritmo del trabajo.
También vale decir que comer lento es parte de una vida más relajada y con menos estrés. Es muy recomendable hacer un alto para comer con tranquilidad para mantener bajos los niveles de estrés.
Pero hay otro aspecto que no debería pasarse por alto: comer lento nos permite disfrutar más de lo que comemos. Precisamente quienes promueven la cultura de Slow Food hacen mucho hincapié en que sentarse y tomarse el tiempo para comer no es sólo una cuestión de salud, sino de placer. La hora de la comida debería ser un alto, así sea de pocos minutos, que nos permita distendernos y disfrutar de platos sabrosos.

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