Alimentación y Emociones: Una relación de doble filo

emocionesEn muchas ocasiones los alimentos se convierten en un refugio al cual acudimos cuando estamos ansiosos o aburridos. Cuando nuestras emociones se descontrolan muchas personas tienden a comer como si buscaran una especie de compensación. Probablemente este comportamiento proviene de nuestra más tierna infancia cuando los dulces eran un premio pero otros alimentos (normalmente aquellos que no nos gustaban) eran un castigo. Así, la relación entre alimentación y emociones se convierte en un factor que debemos tener bajo control.

Estos hábitos alimenticios que hemos adquirido cuando éramos pequeños continúan determinando nuestra relación con los alimentos y ésta es una de las causas por la cual, en situaciones de descontrol emocional, también presentamos un descontrol en nuestra dieta habitual.

Existen muchas personas que castigan su cuerpo con dietas super restringidas mientras que otras se exponen al sobrepeso (que es igualmente un castigo para el organismo). Sin embargo, lo cierto es que una dieta equilibrada no solo nos ayuda a mantenernos saludables en el plano físico sino también en el mental.

El primer paso importante para aprender a regular la alimentación cuando aparece el descontrol emocional se centra en aprender a saborear los alimentos. ¿Cuántas veces comes demasiado rápido o con tanta culpa que no logras saborear el alimento? Comer es una tarea cotidiana que demanda su tiempo, entre otras cosas porque mientras menos nos concentremos en la comida, menos saciaremos nuestra hambre.

El segundo paso se dirige a determinar las situaciones críticas o aquellos momentos en los cuales somos más proclives a comer. En esos momentos solo basta cambiar de actividad en vez de quedarnos en el mismo sitio pensando una y otra vez si comemos o no comemos, si la tentación nos vence o no. En este caso es recomendable salir a caminar o ir al gimnasio no solo porque nos distraeremos sino también porque mejoraremos cualitativamente nuestro humor a través de la actividad física.

Siguiendo estos dos pequeños consejos podremos ir aprendiendo a controlar la relación entre alimentación y emociones; sobre todo en aquellas situaciones que nos resultan particularmente tensas o deprimentes.

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