Tomar analgésicos: Cómo y Cuándo

Tomar analgésicos: Cómo y CuándoLos analgésicos son conocidos como las drogas para el dolor y es que precisamente su principal función consiste en aliviar los dolores del organismo. Sin embargo, no todos los analgésicos poseen las mismas características u acción, por lo que debe conocerse cómo y cuándo tomar analgésicos.

En este sentido, se conoce que los analgésicos se dividen en dos grupos esenciales que tienen funciones diferentes: los narcóticos y los no narcóticos. Los narcóticos suelen ser medicamentos mucho más fuertes y de acción más larga y prolongada que los no narcóticos por lo que frecuentemente se emplean para dolores resistentes e intensos.

Aunque de manera general, cualquiera de estos tipos de analgésicos pueden emplearse para un determinado dolor, siempre y cuando se asista al médico en los casos en los que el dolor se prolonga sin conocerse la causa que lo origina.

En relación al consumo de analgésicos, los especialistas recomiendan ingerirlos siempre con abundante agua, sin mezclarlos con otras sustancias como el café, el refresco u otras bebidas alcohólicas pues pueden provocar un efecto indeseable en el paciente.

Debe además emplearse el tipo de analgésico más adecuado para cada caso en particular debido a las ventajas específicas que ofrece cada fármaco. Por ejemplo, el piroxicam es altamente recomendado para dolores en las articulaciones y los huesos mientras el ácido mefenámico es empleado para el dolor menstrual en las mujeres.

Para consumir los analgésicos debe considerarse siempre el estado general de la persona ya que no son muy recomendables en mujeres embarazadas debido a que su acción puede dañar el mecanismo de coagulación de la sangre en el bebé, ni en personas con alteraciones estomacales, con antecedentes de alergia o problemas en los riñones. También debe tenerse especial cuidado en el consumo de estos medicamentos en los niños, sobre todo en los casos en que no se conozca el origen del dolor.

De manera general se debe intentar tolerar el dolor (siempre que se pueda y este se perciba en una intensidad razonable) y optar por el analgésico en los casos donde el dolor sea persistente y le impida a la persona realizar sus actividades de forma normal pero siempre bajo la prescripción de un especialista.

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