Limpieza facial profunda: II PARTE

Después de arduo día de trabajo en lo último que se piensa es en limpiar el rostro, por lo que es común irse a acostar con la cara sucia, pues se cree que no pasará nada. Con el paso del tiempo se pagan las consecuencias, ya que el cutis luce opaco y con imperfecciones, lo que además puede derivar en infecciones debido a que diversos elementos se van acumulando en la piel.
Algunos de ellos como lo residuos de maquillaje, sudor, polvo, contaminantes ambientales, aceites naturales y células muertas. Aunque al siguiente día se lave el rostro durante el baño no es suficiente, pues durante la noche no respiró adecuadamente ni descansó; por tal motivo, es necesario sacudir la flojera y lavarse la cara dos veces al día. Además, 1 ó 2 veces por semana es recomendable aplicar tratamientos intensivos en forma de mascarillas.

Aquí el proceso de exfoliación juega un papel fundamental. Constantemente nuestra piel se regenera, proceso que se completa en 28 días y durante el cual algunas células viejas se eliminan de forma natural, pero otras se depositan sobre la epidermis. Si éstas no se remueven del cutis los productos que se apliquen sobre él no podrán ser totalmente absorbidos, además lo hacen lucir opaco y descuidado.
Por ello, es importante recurrir a cremas exfoliantes, las cuales se aplican mediante suave masaje sobre el rostro ligeramente húmedo, lo que permite la eliminación de células muertas y otras impurezas, además de que se desintoxica y revitaliza la piel, tejido que inmediatamente luce transparente y se torna terso.
La efectividad de un exfoliante no depende de la fuerza con la que se frote sino de la regularidad con que se aplique, considere que sus beneficios se pierden si se usa cada varios meses y se da masaje hasta enrojecer la piel. Lo aconsejable es practicar este método al menos una vez a la semana, pues de lo contrario la epidermis se lesiona y pierde elasticidad.

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