Genética y alimentación: Cómo los genes determinan nuestros gustos alimenticios

genetica y AlimentacionExisten diferencias de género en cuanto a gustos; así, se conoce que como regla general a los hombres le apetecen más los sabores ácidos mientras que las féminas prefieren los dulces. Pero lo cierto es que nuevos descubrimientos en el área de la genética nos demuestran que las relaciones entre genética y alimentación podrían ser más profundas de lo que presuponemos y que la predilección por algunos sabores puede deberse a un gen.

El estudio en cuestión fue publicado en la American Journal of Clinical Nutrition y afirma que a los pequeños que no les agradan las verduras es porque en su código genético presentan una hipersensibilidad ante los sabores amargos.

Este descubrimiento proviene de la Rutges University, en New Jersey donde se ha demostrado que existe un fenotipo responsable porque en la más tierna infancia algunos pequeños detesten las ensaladas mientras que otros las comen sin dificultades. Específicamente, están haciendo referencia al gen TAS2R38, relacionado con la discriminación de lo amargo.

Para llegar a esta conclusión trabajaron con un total de 110 personas que debían probar diferentes verduras y algunos dulces y posteriormente brindarles un puntaje a cada uno de los sabores degustados. Así, pudieron apreciar que las personas que presentaban una expresión más acentuada relacionada con le proteína G, preferían los sabores amargos mientras que aquellos que los que poseían una prevalencia del 6-N-propiltiouracil mostraban una preferencia por el dulce.

Pero la relación entre genética y alimentación no termina ahí, otro estudio realizado en la Universidad de Londres afirma que la preferencia por la carne o el pescado podría heredarse de los padres. Al contrario, el gusto por las frutas sería algo totalmente aprendido.

Así, los especialistas en genética están convencidos de que nuestra dieta está mediatizada más de lo que podemos pensar por nuestros genes. No obstante, debe puntualizarse que con el paso del tiempo podemos ir moldeando nuestros gustos, de forma que nuestro paladar se vaya habituando poco a poco a nuevos sabores.

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