Evitemos las contracturas

Las contracturas no son algo desconocido para quienes practican algún deporte. Sin embargo, muchas veces reaccionamos ante ellas de manera instintiva y sin conocer los motivos por los cuales ocurren. Aprenderlos nos ayudará a saber como afrontarlas la próxima vez que aparezcan.

Cuando tenemos una contractura, nuestro músculo se tensa, queda duro y no podemos moverlo más. Esto ocurre porque nuestros músculos están irrigados por vasos sanguíneos. En el momento de la contracción, el músculo requiere energía, que es transformada luego de llegar a través de la sangre.

Una vez contraído, el músculo necesita energía para relajarse, es decir, para salir del estado de rigidez en que se encuentra.

Cuando no estamos lo suficientemente entrenados o sobre exigimos un músculo, o el mismo se encuentra fatigado, la energía no llega a este con el ritmo necesario. En consecuencia, el músculo no puede relajarse.

Lo que hace la situación más complicada es que, al estar contracturados, los vasos sanguíneos permanecen cerrados, por lo que la energía necesaria para que el músculo se afloje no puede llegar.

La clave será entonces abrir los vasos sanguíneos para irrigar el músculo y poder relajarlo. Lo más recomendable son masajes suaves, que no causen dolor, y movimientos leves, teniendo cuidado de no hacer ninguna maniobra brusca.

En el caso de que la contractura nos e vaya fácilmente, puede que sea necesario un masaje más intenso, y que un poco de dolor al masajear la zona sea necesario.

Es importante aclarar que no sólo por un sobre entrenamiento se producen contracturas. Ejercitarnos con malas posturas, o andar muy estresados también nos hace proclive a tensar los músculos. Es por ello que, además de entrenar en una medida adecuada, debemos adoptar una postura erguida y una actitud relajada, tanto para hacer ejercicios como para cualquier momento.

Imagen del artículo

Evitemos las contracturas