Enfermedades mortales: Lo que comemos indica cómo moriremos

Un antiguo proverbio chino reza: “quien toma medicinas pero descuida su dieta hace perder tiempo inútilmente a su médico”. Corría la década del 70’ del siglo pasado cuando el primer ministro chino, diagnosticado de cáncer de vesícula, decidió realizar el estudio epidemiológico sobre el cáncer más completo que se hubiese realizado hasta la fecha. Los resultados fueron publicados en el 1981 bajo el título: “The Atlas of Cancer Mortality” (El Atlas de la Mortalidad por Cáncer).

Los resultados fueron realmente asombrosos. En aquel tiempo en la cultura occidental se consideraba que el cáncer estaba relacionado con la genética. De hecho, en países como Estados Unidos (donde había una fuerte inmigración y convivían diferentes grupos étnicos), se trabajaba en la realización de un mapa que correlacionase los diferentes tipos de cáncer, los índices de mortalidad y las razas. La teoría de base era muy sencilla: mientras más cercano se encuentran dos individuos a nivel genético, más posibilidades tendrán de desarrollar el mismo tipo de cáncer.

Obviamente, esta teoría fue echada por tierra por los resultados del estudio chino ya que la población estudiada presentaba pocas diferencias a nivel genético. No obstante, a lo largo de todo el país habían diferencias de hasta un 400% en los índices de mortalidad por cáncer. Estos datos, naturalmente, generaron un interés particular en toda la comunidad científica que se percató de la necesidad de realizar ulteriores estudios para determinar con mayor precisión la influencia de los factores ambientales en diferentes patologías.

Con este objetivo, se examinaron 367 variables ambientales diferentes que podían ejercer cierto efecto en el desarrollo de enfermedades mortales como la diabetes, el cáncer, las patologías cardiovasculares y las infecciones virales transmisibles. En este estudio se encontró que los biomarcadores que están relacionados con casi todas las enfermedades mortales eran menos frecuentes entre las personas que mantenían una dieta tradicional basada prevalentemente en alimentos de origen vegetal. Lo más interesante fue que la introducción en la dieta de tan solo de pequeñas cantidades de alimento de origen animal incrementaba automáticamente la incidencia de las enfermedades mortales.

¿Qué significa esto? Que una dieta vegetariana sería mucho más saludable que una dieta basada en los alimentos como las carnes, el queso y los huevos.

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