El cuerpo y los años

Un dicho popular afirma que los años no vienen solos. Pues la biología humana concuerda con esta declaración: el cuerpo y los años van de la mano. Es que a partir de los 30 años comienza a disminuir el consumo máximo de oxígeno, disminuye la frecuencia cardíaca máxima alcanzable, se va perdiendo elasticidad en la caja torácica y de los pulmones, la tensión arterial aumenta y el corazón se ve obligado a un mayor esfuerzo. Disminuyen los niveles de mioglobina, el número de mitocondrias y los niveles de glucógeno intramuscular.

La potencia aeróbica se pierden en un 10% aproximadamente cada decenio desde los 25 a los 65 años, y disminuye más rápidamente a partir de esa edad.

También disminuyen progresivamente los niveles de hormonas sexuales (la testosterona y los estrógenos, en hombres y mujeres respectivamente), y paralelamente la fuerza máxima también se ve reducida. Esto último se agrava por la paulatina pérdida de fibras tipo II.

Entre los 40 y los 50 años se produce un rápido descenso de la fuerza, registrándose una pérdida de fuerza del 20% a la edad de 65 años.

Por otro lado, en los ancianos, la eliminación del calor corporal se dificulta por el mayor espesor de la grasa subcutánea y por una menor eficiencia de los mecanismos de sudoración. Otra capacidad que se ve disminuida es la amplitud de los movimientos. La persona anciana muchas veces queda por este motivo en situación de dependencia con respecto a otras personas que la ayuden. Como ejemplo, la columna vertebral disminuye su flexibilidad un 20% a los 65 años.

Ya a los 75 años, las estadísticas señalan que un 50% de los individuos está afectado por diversas formas de enfermedades crónicas que les obligan a disminuir su actividad, sumándose a las causas de envejecimiento fisiológico.

De todas formas, es necesario que sepas que no importa la edad, el deporte siempre será beneficioso si se realiza con criterio. En siguientes publicaciones hablaremos más de esto.

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