La carne de cerdo: Un alimento más sano de lo que imaginamos

Carne de CerdoLa carne de cerdo ha tenido una mala reputación, ganada fundamentalmente por la cantidad de grasa y colesterol que contiene. No obstante, estudios más recientes revalorizan la carne de cerdo, mostrando que la misma podría ser mejor de lo que pensamos. Así, muchos especialistas en nutrición afirman que es perfectamente saludable incluir la carne de cerdo en nuestra dieta, siempre que elijamos las partes más magras y no exageremos en la frecuencia semanal de consumo.

Aún así, antes de consumir la carne de cerdo debemos conocer que el cerdo, como cualquier otro animal, también posee grasas saturadas y colesterol. No obstante, en el caso del cerdo, se ha descubierto que el 48% de la grasa es monoinsaturada, mientras que el 42% es saturada; una proporción que no es ideal pero que dista mucho de ser el alimento extremadamente dañino que creíamos. De hecho, la carne de cerdo contiene más grasas insaturadas que la carne de ternera. Por supuesto, en dependencia de la raza, la proporción de grasas presente en la carne puede variar, hallándose que el cerdo ibérico posee más del 50% de grasas monoinsaturadas.

En relación con el colesterol, por cada 100 gramos de carne de cerdo se presenta entre los 64 y los 84 miligramos de colesterol. Una cantidad semejante al colesterol aportado por otras carnes.

Pero… ¿cuánta carne de cerdo es aconsejable consumir? La Sociedad Española de Nutrición Comunitaria nos propone que el consumo de la carne de cerdo ronde los 125 gramos por ración ya que una cantidad mayor supone un aumento de grasa, colesterol y calorías.

En relación a la frecuencia, ésta puede ingerirse de 3 a 4 veces a la semana; si bien es totalmente aconsejable alternar el cerdo con el consumo de otras carnes que nos brindan otros nutrientes y hacen que nuestra dieta sea más balanceada.

¿Qué parte de la carne de cerdo es más saludable? Aunque todas las partes del cerdo se pueden comer con moderación, lo cierto es que las partes más saludables son las magras, como el lomo y el solomillo, que poseen incluso menos grasa que un muslo de pollo con la piel. Al contrario, los embutidos, el chorizo, las chuletas y las costillas poseen una mayor cantidad de grasa.

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