Una técnica efectiva para adelgazar: Aprender a regular las hormonas

AdelgazarCada vez son más las personas que se empeñan en adelgazar. Para lograrlo lo mismo recurren a las dietas milagro, a cambios en el estilo de alimentación o a la práctica de ejercicio físico. Sin embargo, sin importar cuál sea el método de elección, muchos se frustran porque no logran adelgazar esos kilos de más y en algunos casos, hasta aumentan de peso. ¿Qué están haciendo mal?

Un estudio publicado en American Psychologist encontró que el 66% de las personas que solo se enfocan en adelgazar reduciendo el consumo de calorías, dos años después han ganado más peso corporal que el que tenían al inicio. Su error radica en que se están centrando en el objetivo equivocado: las calorías no son las que controlan nuestro metabolismo, son las hormonas.

Regular las hormonas para controlar nuestro metabolismo

Las hormonas son las encargadas de regular las funciones básicas de nuestro metabolismo. Básicamente, tienen la función de controlar el apetito, el gasto energético del cuerpo y quemar o almacenar la grasa corporal. Sin embargo, su funcionamiento suele afectarse con mucha facilidad: se ha demostrado que reducir el consumo de calorías afecta el funcionamiento hormonal, lo que conlleva a que el cuerpo disminuya su tasa metabólica y ponga en marcha una serie de reacciones compensatorias, como el aumento del apetito y la reducción del gasto energético.

En cambio si en vez de reducir el consumo de calorías, apostamos por regular las hormonas ocurre todo lo contrario: se reduce el apetito y la ansiedad por comer, aumenta el gasto energético y el trabajo metabólico, por lo que se queman más calorías y grasas. De esta manera, no solo podemos regular mejor nuestra dieta y adelgazar con un menor esfuerzo sino que podemos mantener los resultados a largo plazo sin correr el riesgo de recuperar los kilos perdidos.

Tres estrategias para regular las hormonas que controlan tu peso corporal

1. Cambia el enfoque: piensa en perder grasa, no peso. Las calorías tienen más de un destino en nuestro cuerpo: cuando reduces las calorías que consumes no solo estás perdiendo grasa corporal sino también tejido muscular. Al contrario, cuando aumentas el consumo de calorías ganas peso corporal pero también tus músculos se fortalecen. Por tanto, cuando apuestes por un método para adelgazar no te enfoques en perder peso porque también estarás perdiendo tejido muscular, asegúrate de que tu estrategia te haga perder la grasa adicional mientras fortaleces el tejido magro. Las pesas pueden ser una buena alternativa.

2. Apuesta por alimentos nutritivos. La mayoría de las dietas para adelgazar se centran exclusivamente en la reducción de calorías. Por tanto, es prácticamente igual que comas un donut o una pechuga de pollo porque al final tienen más o menos la misma cantidad de calorías. Sin embargo, desde el punto de vista metabólico y hormonal el efecto de estos alimentos es totalmente diferente. El donut te aportará grasas de rápida absorción y energía instantánea, por lo que tu metabolismo apenas trabajará y almacenará las calorías consumidas en forma de grasa. En cambio, la pechuga de pollo te proporcionará grasas de absorción lenta y energía más sostenida a largo plazo que hará que tu metabolismo trabaje más tiempo y queme las calorías consumidas.

3. Ten en cuenta las reacciones compensatorias de tu cuerpo. Las comidas que haces a diario no están desligadas una de la otra: los alimentos que comes en el desayuno afectan lo que comes en el almuerzo y en la cena. Es una especie de reacción en cadena en la cual tu metabolismo reacciona dependiendo de los nutrientes y la energía que necesita. Si comes muy poco en el desayuno y no meriendas es natural que a la hora del almuerzo tengas un hambre voraz y consumas más alimentos de los previstos. Por tanto, si quieres evitar los atracones asegúrate de hacer comidas balanceadas y nutritivas que te ayuden a mantenerte saciado a lo largo del día.

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