Las consecuencias de los accidentes cerebrovasculares

Las consecuencias de los accidentes cerebrovascularesLos accidentes cerebrovasculares son una de las principales causas de muerte en todo el mundo. Entre los supervivientes, las consecuencias de los accidentes cerebrovasculares no suelen ser muy esperanzadoras ya que suelen aparecer parálisis cerebrales y musculares, dificultades del lenguaje, déficits cognitivos de disímil complejidad, problemas emocionales y dificultades en la comunicación social.

Sin embargo, ahora un nuevo estudio refiere que existen otras afectaciones graves que surgen como consecuencia de un accidente cerebrovascular y que hasta el momento no se habían reconocido. Dentro de estas se encuentran: la depresión, los problemas de visión y las dificultades para pensar coherentemente.

Estos hallazgos fueron presentados en el Congreso Canadiense del Accidente Cerebrovascular celebrado en Ottawa y se sustentan en una serie de entrevistas realizadas seis semanas después del ictus a un total de 200 pacientes. De esta manera, los investigadores encontraron que casi el 25% de las personas manifestaban depresión clínica y la inmensa mayoría de ellos reportaban una reducción significativa en la calidad de vida percibida.

Aunque estos pacientes habían sufrido un accidente cerebrovascular leve (con pocas secuelas en el orden físico) los problemas como la depresión, la fatiga, la pérdida de apetito, la falta de concentración, de sueño y la presencia de ideaciones suicidas fueron muy evidentes, incluso varias semanas después del ictus.

Obviamente, las preocupaciones sobre la posible reincidencia del accidente cerebrovascular así como sobre las posibilidades de recuperación total de las funciones pérdidas fueron los factores principales que condicionaron un marcado estado depresivo.

Los especialistas refieren que muchos de los casos de personas que han sufrido un accidente cerebrovascular leve no son tratados adecuadamente en los sistemas de salud, y que en muchas ocasiones no realizan el proceso de rehabilitación terapéutico por lo que las consecuencias tienden a agravarse aún más, incrementándose además el riesgo de padecer un nuevo accidente cerebrovascular.

En otras palabras, aunque el ictus no deje secuelas apreciables en el orden físico, las personas afectadas deberían someterse igualmente a terapias psicológicas de ayuda y rehabilitación en aras de controlar los síntomas depresivos que se presentan; sobre todo teniendo en cuenta que la depresión puede desencadenar otro episodio isquémico.

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