Cómo afecta el consumo de alcohol la acción de los antibióticos

AlcoholEn el imaginario popular se ha asentado la creencia de que se debe evitar el consumo de alcohol durante un tratamiento médico. Sin embargo, ¿se trata de una idea cierta con bases científicas o es simplemente una precaución que se ha venido transmitiendo de generación en generación? ¿Qué dicen los médicos al respecto?

En sentido general, el consumo de alcohol durante el tratamiento médico debe evitarse. No obstante, en la mayoría de los casos no hay problema si se mezclan pequeñas dosis de alcohol con los fármacos. En dependencia de los grados de alcohol que contenga la bebida, se puede permitir hasta una copa de unos 100 cc de vino o un vaso de cerveza entre los 200 y 300 cc.

La interacción del alcohol y los medicamentos

El alcohol interactúa con una cantidad significativa de medicamentos que se usan para tratar diferentes enfermedades, por eso lo más inteligente sería evitarlo por completo. No obstante, su acción dependerá de la cantidad de alcohol que se consuma.

Por ejemplo, beber alcohol esporádicamente inhibe el metabolismo hepático de algunos medicamentos, o sea, cambia la forma en que el hígado procesa y elimina estos fármacos. Así, al disminuir su metabolismo, aumenta la actividad. Por el contrario, cuando la ingesta de alcohol es elevada el metabolismo de los fármacos aumenta y su efectividad se reduce significativamente.

Algo similar ocurre en la interacción del alcohol y los medicamentos depresores del sistema nervioso central como las benzodiacepinas, los barbitúricos y los analgésicos opiáceos. En estos casos el consumo de alcohol disminuye la actividad cerebral y potencia los efectos de los fármacos que actúan directamente en el cerebro.

Interacción del alcohol y los antibióticos

Se conoce que el consumo elevado de alcohol afecta el metabolismo hepático de los medicamentos y disminuye su concentración en sangre. Ahora bien, como consecuencia de una menor concentración del antibiótico en sangre, su efecto disminuye. Como resultado, no solo deja de actuar eficazmente sino que puede aparecer un rechazo inmunológico al medicamento y, por ende, un agravamiento de la infección.

Pero además, el consumo de alcohol mientras se está bajo tratamiento con algunas cefalosporinas (un tipo específico de antibiótico) o el metronidazol puede provocar lo que se conoce como efecto antabus o efecto tipo disulfirán, que se trata de efectos clínicos más o menos graves que van desde el rubor facial, nauseas, ansiedad o vómitos hasta taquicardia, hipotensión o incluso insuficiencia respiratoria.

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