Cinco alimentos que no debes congelar

Congelar los alimentos es una forma muy efectiva de alargar su vida útil y desperdiciar menos comida. Al congelarlos, los alimentos conservan casi intactas sus propiedades, de manera que podrás usarlos incluso varias semanas después de haberlos comprado sin apenas notar la diferencia en su textura o sabor. Sin embargo, es importante tener en cuenta que no todos los alimentos pueden congelarse sin que su calidad se vea comprometida. Te desvelamos algunos de los alimentos que solemos congelar, pero que deberíamos conservarlos fuera del congelador.

Alimentos que deben permanecer fuera del congelador

1. Huevos duros. Los huevos duros, con cáscara, no deben congelarse porque corren el riesgo de explotar al aumentar su volumen interno. Lo que sí se puede hacer es abrirlos, separar las claras de las yemas y congelarlas en tuppers distintos para utilizarlas más tarde para preparar una tortilla o para hacer pasteles u otros productos de repostería.

2. Frutas o verduras ricas en agua. Cuando las verduras o frutas ricas en agua se congelan y al cabo de unos días se sacan de la nevera, el agua que destilan, producto de la descongelación, las vuelve más blandas e insípidas. Entre estos alimentos se incluyen los tomates, la lechuga, el pepino, las uvas, las sandías y los rábanos. Una alternativa consiste en cocerlas al vapor y luego congelarlas.

3. Quesos frescos. Los quesos frescos como la mozzarella, el feta o el ricotta, así como los de textura blanda como los quesos de untar, el brie o el camembert, no soportan muy bien el proceso de congelación. Al descongelarlos, pierden mucho sabor y adquieren una textura muy húmeda ya que empiezan a destilar agua. Lo mejor es conservarlos en la nevera, pero fuera del congelador.

4. Salsas. Las salsas como la mayonesa, el kétchup y la mostaza no son buenas amigas del frío intenso. Al congelarlas no solo se afecta su sabor sino que corren el riesgo de perder su propiedad aglutinante y su textura untuosa. Además, en el caso de la mayonesa que está elaborada con huevos crudos, las probabilidades de desarrollar bacterias una vez que se descongele aumenta y, obviamente, nadie quiere correr ese riesgo.

5. Vísceras. La carne resiste muy bien las bajas temperaturas, pero las vísceras no tanto. El hígado, los riñones, el cerebro y el resto de las vísceras no deben congelarse porque además de perder gran parte de su sabor, también se altera su estructura química. Lo ideal es comerlas siempre frescas, o en caso de congelarlas, hacerlo después de haberlas cocinado.

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