El ingrediente secreto que nos hace enfermar

azucarEn los últimos años numerosas investigaciones han comenzado a poner en tela de juicio la dieta que llevamos. De hecho, se ha descubierto que muchos de los alimentos que consumimos con regularidad son dañinos a largo plazo ya que pueden acumularse en nuestro organismo y dar pie a diversas enfermedades.

La grasa ha sido uno de los ingredientes más atacados pero en realidad no es el más dañino. Diferentes estudios demuestran que el ingrediente más omnipresente en nuestra dieta y también el más dañino para nuestra salud es el azúcar.

¿Cuándo comenzó todo?

En 1977, tras una serie de estudios realizados en el ámbito de la nutrición, comenzó lo que en el ámbito de la dietética se conoce como “la revolución de la grasa”. Los gobiernos e institutos de salud dieron directrices para que los fabricantes de alimentos produjesen alimentos con menos grasas saturadas.

En este punto comenzaron a aparecer alimentos más saludables en el mercado pero su sabor dejaba mucho que desear. Entonces la industria alimenticia decidió añadirles azúcar para compensar la falta de grasa y mejorar su sabor. Como resultado, en la actualidad comemos una gran cantidad de azúcar sin siquiera darnos cuenta.

Para que se tenga una idea de la magnitud del problema, en 1822 consumíamos el equivalente de una lata de 12 onzas de refresco cada 5 días pero en la actualidad ingerimos una lata de 12 onzas cada 7 horas. Como promedio, solemos comer unas 22 cucharaditas de azúcar al día, lo cual equivale a 32 kilos al año.

Obviamente, estas cifras no se limitan a la cucharada de azúcar que le echas al café sino a todos los alimentos que consumimos. De hecho, si te detienes a leer las etiquetas de los alimentos que compras en el supermercado te asombrará descubrir que incluso los que dicen que no tienen azúcar, contiene alguna forma de glucosa que, a efectos prácticos, es lo mismo.

Las consecuencias de consumir demasiada azúcar

El azúcar añadido puede tener efectos nocivos muy graves en nuestro metabolismo ya que nos proporciona una gran cantidad de fructosa, un azúcar simple que se metaboliza solo en el hígado. Una vez aquí, puede provocar una resistencia a la insulina y la consecuente diabetes. Además, también estimula la producción de grasa visceral y activa los procesos inflamatorios.

Afortunadamente, existe una forma de escapar a esta trampa: leer atentamente las etiquetas de los alimentos antes de comprarlos y, siempre que sea posible, apostar por los alimentos naturales.

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